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Cumpliendo su primer año de mandato, el presidente Mauricio Macri se muestra optimista por la marcha de su gobierno. Continúa teniendo apoyos sociales. Sin embargo,  la apelación a “la herencia recibida” ya no parece alcanzar para justificar el presente. Mauricio Macri construyó su camino a La Rosada enunciando postulados difíciles de cuestionar. Basándose en la confianza, la esperanza, el diálogo y el trabajo en equipo, el mandatario prometió crecimiento, reactivación de la economía y baja en la inflación, parámetros que han desmejorado en comparación interanual. Esto es, en comparación con el último año de la gestión kirchnerista.

Un balance incompleto de la agenda económica tiene como hitos la devaluación, el aumento de la inflación y una marcada desaceleración económica, que muestra una caída más acentuada en la producción manufacturera por causa de cierta apertura comercial. El ajuste aplicado con la combinación de políticas fue un ajuste sin consecuencias en las cuentas públicas. Por caso, el impactante aumento de tarifas significó aumento en las ganancias de los privados, pero no una disminución en los subsidios estatales. El Ejecutivo también avanzó con un blanqueo de capitales que, como toda medida de este tipo, significa un castigo para el contribuyente responsable. Pero no solo eso: la curiosidad de este blanqueo es que no resulta necesario ingresar el dinero a la economía argentina. En lo que hace a lo estrictamente financiero, el Gobierno negoció con los holdouts. La salida de Argentina al mercado con la mayor emisión de un emergente en décadas, fue el punto de largada para que provincias y privados también salgan a tomar deuda. Si bien por ahora este incremento no complica los fundamentales de la economía, marca el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento que se completa con la autorización para más deuda en el presupuesto 2017. El Gobierno construyó la hipótesis que estas medidas significarían el “regreso al mundo” y en un grueso error de comunicación pronosticó la llegada de inversiones y brotes verdes para el segundo semestre. Nada de ello ocurrió y el Gobierno cayó en su propia trampa discursiva.

En política exterior el desempeño no ha sido de lo mejor. El año estuvo destinado casi en exclusividad a la candidatura de la canciller Malcorra para la Secretaría General de Naciones Unidas, situación que finalmente no se dio. Otros dos asuntos ocuparon la agenda. Por un lado, la propuesta de sumar a Argentina a la Alianza del Pacífico, por ahora sin resultados tangibles. Por otro -aprovechando la situación interna brasilera- la aspiración a convertir al país en el interlocutor regional. Probablemente por ello, Macri exageró su reclamo para que Venezuela sea echada del Mercosur, situación que pareció dejar en evidencia el poco manejo de las reglas del bloque.  El Gobierno también sumó varios gafes. El más estridente fue en torno a Malvinas. Mauricio Macri aseguró que hablaría de soberanía con la Primera Ministra británica y Malcorra debió contradecirlo en una conferencia de prensa. Otro error innecesario fueron las palabas de Malcorra apostando por una victoria de Clinton en Estados Unidos. Y sin dudas, el recuerdo de las palabras del propio Macri que un año atrás calificaba a Trump como “un chiflado”. El cuadro de política exterior se completa con el extravío judicial que mantiene detenida a la dirigente social Milagro Sala, quien es -además- diputada del Parlasur. El empecinamiento absurdo ya fue calificado como “detención arbitraria” por parte de una reunión especializada de Naciones Unidas y el Secretario General de la OEA pidió formalmente la inmediata liberación de la dirigente social. El costo en política externa de la detención de Sala quedó en evidencia cuando el Primer Ministro canadiense se refirió extensamente al tema en una conferencia de prensa compartida con Mauricio Macri.

Macri cierra su primer año de gobierno que -visto en perspectiva- ha tenido complejidades crecientes. Con una clara minoría parlamentaria, el Frente Cambiemos mantuvo cierto control en las Cámaras. En Diputados, una escisión menor del peronismo y el Frente Renovador actuaron inclinando la balanza a favor del oficialismo. En el Senado, ha sido el propio bloque del FPV-PJ quien dio los votos para aprobar leyes claves. En ese contexto –y aún cuando los despidos ascendían en la agenda social- Macri pudo vetar la ley de emergencia ocupacional aprobada por todo el arco opositor. Ya terminando el 2016, la situación es diferente. Con las promesas de “lluvia de inversiones” del segundo semestre incumplida, los apoyos comienzan a escasear. Especialmente porque se avecinan las parlamentarias.

Frente Cambiemos tiene algunas tensiones internas. Hay sectores radicales disconformes con su escasa representación en lugares del Gobierno. Por otro lado, un sector importante dentro de Cambiemos reclama incorporar más peronistas. A esto corresponde sumar algunas otras disputas dentro del Gabinete -el titular del Central vs el Ministro de Hacienda- o la mala performance de algunos ministros.  El cuadro se completa con la presencia de Elisa Carrió dentro del Frente. La actual diputada -que tiene un partido minúsculo- se encaramó como una suerte de tribunal ético y desde allí fustiga insistentemente contra un operador del Presidente en el Poder Judicial y contra el titular de la Corte Suprema. No es la primera vez que Carrió se convierte en una socia incómoda, ya que parte de su estilo político se basa en un híper personalismo y un buen manejo de los medios de comunicación.

En términos prospectivos -y suponiendo que diciembre transite tranquilo en las calles y sin sobresaltos- una buena parte del proceso político gira en torno a cómo se termine de reacomodar el amplio espectro del peronismo. Restan diez meses para las parlamentarias y ellas tendrán un escenario central: la Provincia de Buenos Aires que renueva sus senadores. Paradojas del destino, probablemente un buen escenario para La Rosada sea que Cristina Kirchner participe como candidata y que el FPV-PJ se divida formalmente. Macri enfrenta una elección crucial en su mitad de mandato Necesita abultar sus bloques parlamentarios. Acercarlos casi al quórum, lo que le bajaría el precio a loa colaboración del opo-oficialismo. Un buen desempeño en las urnas también es la forma de sostenerse políticamente el mandato y no quedar como un pato rengo en forma anticipada.

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ImagenMacri recibiendo los atributos del mando en la Casa Rosada por parte de Federico Pinedo” (Fuente):

https://es.wikipedia.org/wiki/Mauricio_Macri#/media/File:Macri_recibe_atributos_del_mando_en_Casa_Rosada.jpg

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Guillermo Rodriguez Conte - Colaborador Voluntário (Argentina)

Licenciado en Ciencias Politicas (universidad de Buenos Aires) y con estudios de posgrado en Relaciones Internacionales (universidad Di Tella). Analista regional con más de quince años de desempeño en consultoras de Brasil y Argentina. Actúa en las áreas de política, economía, relaciones externas y asuntos estratégicos de países sudamericanos. Docente de grado en la Universidad de Buenos Aires y de maestría en la Procuración del Tesoro de la Nacion (Argentina).

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